en continua construcción...

 

Con frecuencia, las fotografías antiguas se guardan en cajas, cajones y álbumes que contienen tanto memorias como olvidos. Son poderosos talismanes de la memoria pero también pruebas dolorosas de los olvidos que dejan las ausencias de quienes atesoraron aquellas imágenes.

Las instantáneas antiguas, con sus arrugas y sus huellas del paso del tiempo, nos conmueven cuando recuperan los rostros de los seres queridos y nos inquietan cuando nos enfrentan a desconocidos con los que, sin embargo, nos sabemos conectados. La fuerza del legado familiar o histórico frente a la fragilidad de la memoria y la facilidad de caer en el olvido. 

Rebeca Pardo, Fotografías antiguas: recuerdo, memoria, olvidos y nostalgia.

 

En los últimos años he querido abordar la memoria y el recuerdo mediante la contemplación del álbum familiar en mi trabajo. Las fotografías familiares privadas y anónimas me han servido para reflexionar acerca del poder de evocación de la imagen impresa en quien la contempla. Mi reflexión se acerca a lo que Marianne Hirsch denominó Postmemoria cuando re-interpreto las escenas de vida privada que aparecen en las viejas fotografías compradas en mercadillos y anticuarios y de las que desconozco su historia real.

Estas escenas de vida privada hablan de pasado y de familia, de lo que tenemos en común y nos conmueve a todos.

 

En mis pinturas pretendo captar el instante en el que las fotos nos transportan al pasado, cuando tras verlas cerramos los ojos conservando en la retina la imagen con las formas ya diluidas y los colores sintetizados. Ese flash producido por el cerebro que nos acompañará para siempre. La esencia de un instante no vivido que hemos hecho nuestro.

 

Mi reflexión aborda también la historia y momento actual de la fotografía privada. Desde hace tiempo se le da valor documental a la fotografía periodística y profesional, pero las fotos que las familias atesoran en sus casas acaban desapareciendo cuando las familias desaparecen. Creo que son precisamente estas fotos, con sus encuadres espontáneos, con sus fallos de exposición y revelado... las que tienen el poder de transportarnos a nuestro pasado más íntimo y personal. Por suerte, numerosos archiveros han empezado a rescatar estas imágenes para catalogarlas y darles el lugar que se merecen en nuestra historia. Yo también estoy creando mi pequeña colección privada de fotos adquiridas.

 

Las fotos impresas no son solo un instante captado, son objetos reales que, con suerte, traen pistas que nos acercan a su momento de creación. Busco esas pistas en la fotos de desconocidos que adquiero porque permiten acercarme un poco a la historia real; tipo de papel, signos de deterioro, encuadre, iluminación, elementos del paisaje u objetos que aparecen, firma, inscripciones en el reverso... Aunque no siempre tengo la suerte de encontrarlos, si se da el caso procuro respetar los referentes a la historia real y las decisiones tomadas por quienes hicieron esa foto al inventar mi historia.

 

El hecho de mirar hacia atrás desde el ámbito doméstico permite mostrar una parte de la historia desconocida fuera de la propia familia. Esta parte de la historia explica el papel que las mujeres han tenido en la construcción de nuestra sociedad actual desde el anonimato. Busco a aquellas mujeres entre los álbumes de familia de desconocidos. Mi intención es rescatarlas del olvido y la desaparición dándoles un papel protagonista en mis cuadros.

La post-memoria se encarga de recordar o de inventar sus historias.

Para la ejecución de la obra recurro a la técnica del óleo o de la pintura acrílica sobre lienzo. En el dibujo inicial procuro respetar el encuadre de la foto original, aunque muchas veces escojo fragmentos de la misma que encuadro de manera que llenen el espacio, imitando un estampado textil. Elijo los colores que ayudan a reforzar la idea que me evoca la foto escogida: Uno para los blancos, uno para los negros y dos, tres como mucho, para los grises. El color es mi aliado; a veces calma la escena, a veces la llena de energía.

El resto del proceso es intuitivo. El cuadro me dice cuando está acabado. A veces esto sucede cuando se ha alcanzado el máximo detalle, a veces cuando aún se ven las pinceladas iniciales.

 

El papel del espectador que observa es fundamental en esta reflexión de principio a fin: Al principio soy yo la que observo y me adentro en la vida de los demás adquiriendo sus fotos de familia e interpretando lo que éstas explican al pintar mis cuadros. Al final es el espectador de mis cuadros el que observa la escena re-interpretada y la hace suya al evocarle recuerdos propios. En ese momento se cierra el círculo, la memoria individual se convierte en colectiva al ser compartida.

In continuous construction ...

Older photographs are often stored in boxes, drawers, and albums containing both memories and forgetting. They are powerful talismans of the memory but also painful proofs of the forgetfulness that leave the absences of those who treasured those images.

The old snapshots, with their wrinkles and their tracks of the passage of time, touch us when they recover the faces of the loved ones and worry us when they face us strangers with whom, nevertheless, we know connected. The strength of the family or historical legacy against the fragility of memory and the ease of falling into oblivion.

Rebeca Pardo, Old photographs: memory, memory, forgetfulness and nostalgia.

 

 

In recent years I wanted to approach memory by contemplating the family album in my work. The private and anonymous family photographs have served me to reflect on the power of evocation of the printed image in the one who contemplates it. My reflection comes close to what Marianne Hirsch called Postmemoria when I reinterpret the scenes of private life that appear in the old photographs bought in markets and antiquarians and of which I do not know their real history.

These scenes of private life speak of past and family, of what we have in common and moves us all.

 

In my paintings, I intend to capture the instant in which the photos carry us to the past, when after seeing them we closed our eyes, preserving in the retina the image with the already diluted forms and the colors synthesized. That flash produced by the brain that will accompany us forever. The essence of an unexperienced moment that we have made ours.

My reflection also addresses the history and current moment of private photography. Documentary value has long been given to journalistic and professional photography, but the photos that families cherish in their homes eventually disappear when families disappear. I think it is precisely these photos, with their spontaneous frames, with their failures of exposure and revelation... those that have the power to transport us to our most intimate and personal past. Fortunately, many archivists have begun to rescue these images to catalog and give them the place they deserve in our history. I am also creating my own private collection of acquired photos.

The printed photos are not just an instant captured, they are real objects that, with luck, bring clues that bring us closer to their moment of creation. I look for those clues in the photos of strangers that I acquire because they allow me to get a little closer to the real story; Type of paper, signs of deterioration, framing, lighting, elements of the landscape or objects that appear, signature, inscriptions on the back... Although I am not always lucky to find them, if it is the case I try to respect those referring to the real story and the decisions made by those who took that picture when inventing my story.

The fact of looking back from the domestic sphere allows to show a part of the unknown history outside the family itself. This part of the story explains the role women have played in building our present society from anonymity. I look for those women among the unknown family albums. My intention is to rescue them from oblivion and disappearance by giving them a leading role in my paintings.

The post-memory is responsible for remembering or inventing their stories.

For the execution of the work I use the technique of oil or acrylic paint on canvas. In the initial drawing I try to respect the framing of the original photo, although many times I choose fragments of the same one that fills the space, imitating a textile print. I choose the colors that help to reinforce the idea that evokes the picture chosen: One for whites, one for blacks and two, three at most, for grays. Color is my ally; Sometimes it calms the scene, sometimes it full of energy.

The rest of the process is intuitive. The painting tells me when it is finished. Sometimes this happens when you have reached the maximum detail, sometimes when you still see the initial strokes.

The role of the spectator who observes is fundamental in this reflection from beginning to end: At first I am the one that I observe and I enter in the life of the others acquiring their family photos and interpreting what they explain when painting my pictures. At the end it is the viewer of my paintings who observes the re-interpreted scene and makes it his own by evoking memories of his own. At that moment the circle is closed, individual memory becomes collective when shared.

This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now